Diario de un entrenador de Blood Bowl

La víspera de la Odio Bowl 2026

L

Mañana toca madrugar.

Mucho.

De ese tipo de madrugones que uno acepta únicamente porque al otro lado espera un torneo de Blood Bowl.

La Odio Bowl 2026 se juega en Ludus Belli y, aunque el nombre suene a evento levantado por entrenadores resentidos y jugadores expulsados de varias comunidades autónomas, la realidad es que tiene una pinta espectacular.

Treinta y dos entrenadores. Tres rondas. Un solo campeón.

Y, probablemente, una cantidad obscena de calaveras.

La organización ha preparado un torneo formato resurrección con sistema suizo y suficientes premios como para que cada entrenador encuentre algo que perseguir. El campeón absoluto, el más agresivo, el que más touchdowns anote, la mejor defensa, el mejor stunty… incluso los sorteos parecen tener ese aire de torneo hecho por gente que sabe exactamente lo que gusta a la comunidad.

Pero lo que realmente define esta Odio Bowl son sus reglas especiales.

No todos los torneos consiguen que leas las bases y pienses: “esto es una estupidez maravillosa”.

Aquí aparece Encarna.

Una especie de entidad mostoleña sobrenatural armada con empanadillas capaces de distraer jugadores, derribar rivales y convertir un partido serio en una pelea de patio de colegio por comida recién hecha. Cuanto más lo lees, más claro tienes que alguien en la organización dijo “sí” a una idea completamente absurda… y menos mal.

La otra gran mecánica del torneo gira alrededor del odio.

Ese que aparece cuando un equipo concreto te lleva años arruinándote tardes enteras a base de esquivar a 3+, encadenar pow absurdos o sobrevivir a golpes imposibles. Cada entrenador elige el equipo al que más detesta y, si se cruza contra él durante el torneo, obtiene una pequeña ventaja contra las temidas calaveras.

Porque si algo une a todos los jugadores de Blood Bowl es que absolutamente nadie confía en sus dados.

¿Y yo que voy a llevar?

Pa que quieres saber eso jajaja saludos.

Pues lo de siempre: Nigrománticos.

La idea no es improvisada. Hace un tiempo, Schalke08 me recomendó algo que muchos veteranos defienden: jugar un año entero con el mismo equipo. Aprenderlo de verdad. De sabértelo de memoria, habilidades, stats, jugadas, todo lo que puede hacer y lo que no puede hacer.

Así que aquí estamos.

Poco a poco empiezan a sentirse menos como un equipo prestado y más como algo propio.

Todavía estoy lejos de considerarme competitivo con ellos, especialmente teniendo en cuenta el nivel que habrá mañana. Va a venir mucha gente muy buena. Gente de esa que ve líneas de juego donde tú solo ves problemas inmediatos y jugadores a punto de morir.

Por eso mis expectativas son bastante sencillas: pasarlo bien, jugar buenos partidos y comprobar si realmente estoy asentando un estilo de juego sólido. El último partido de liga contra Orcos me dejó buenas sensaciones y quiero ver si eso se mantiene en un entorno de torneo.

Además, nunca se va solo del todo a estas cosas.

Voy con Montfer, que siempre hace el viaje más fácil, y coincidiré otra vez con Schalke08 y con varias caras conocidas de otros torneos y de la liga. Al final, después de suficientes eventos, empiezas a darte cuenta de que Blood Bowl tiene algo de reunión itinerante. Cambian las mesas y cambian los equipos… pero muchas caras siguen ahí.

Tengo que preparar la mochila para mañana aún, llevaré el campo comprado en la Bolo Bowl que es mucho más fácil de transportar que el que suelo llevar.

Y confiar en que mañana los dados decidan odiar a otro.

About The Author

Dejar un comentario

Diario de un entrenador de Blood Bowl

Entradas recientes