La segunda jornada de la liga de Runesword me enfrentó a un rival que, antes incluso de empezar el partido, ya había conseguido despertar mi envidia.
Los dados.
Y es que cualquiera que juegue torneos con cierta frecuencia sabe exactamente de qué hablo. Hay jugadores que utilizan dados donde distinguir un POW de un Desquilibrado requiere un máster en interpretación de símbolos arcanos. Dados preciosos, sí, pero imposibles de leer desde el otro lado de la mesa.
Los suyos eran todo lo contrario. Claros, elegantes y perfectamente legibles.
Además funcionaban.
Y vaya si funcionaban.
El partido empieza antes de empezar

Mirror match, jugaba Nigromantes igual que yo, pero con diferencia táctica, el eligió empezar su equipo con dos fantasmas y yo con dos lobos. Desde hoy pienso que tener dos fantasmas es mejor para arrancar la liga
Las Plegarias de Nuffle ya avisaron de que aquello no iba a ser un encuentro especialmente tranquilo. Los resultados fueron un 7, un 9 y un 5, suficientes para añadir algo más de caos a un deporte que precisamente no necesita ayuda en ese aspecto.
Elegí poner a mi lobo el Golpe mortífero que me proporcionó la plegaria de Nuffle. Me venía estupendo ya que solo necesitaba 2 SPP para conseguir ponerle Placar o Esquivar.
La primera parte arrancó con el evento de patada inicial “A la carga”.
Y cuando digo arrancó, quiero decir literalmente antes de que nadie hubiera realizado una acción.
Un zombi muerto. ¡¡Pero si no habíamos empezado!!

Iba a empezar el partido con inferioridad numérica.
Una colección de unos
Venga, que esto se remonta.
Iluso…
Porque mi primer turno fue un excelente resumen de lo que vendría después.
Intenté blitzear a su Fantasma.
Apariencia Asquerosa dijo que no.

Intenté recoger el balón con un Ghoul.
El balón dijo que no.
Y así comenzó una secuencia de resultados que terminó convirtiéndose en el auténtico protagonista de la tarde.
Tres unos seguidos en los primeros turnos.
No era exactamente el inicio que tenía dibujado en mi cabeza cuando preparé el partido.

Mientras tanto, mi rival seguía aprovechando cada oportunidad para repartir heridas con una eficacia admirable. Lo que inicialmente parecía un encuentro igualado empezó a inclinarse poco a poco hacia su lado.
Y entonces llegó algo todavía más frustrante.
Me marcaron.
En mi propio drive.
Los pequeños errores que cuestan touchdowns
Hay jugadas que recuerdas durante días.
No por una tirada.
No por una lesión.
Sino porque sabes perfectamente cuál fue tu error.
Tuve una ocasión muy clara de anotar.
La línea estaba abierta, el camino existía y el touchdown parecía al alcance de la mano.
Blitz con el Golem a su única defensa, Ghoul con Balón y entrega en mano al Lobo y a correr como un loco.

Pero elegí la trayectoria equivocada.
Fui recto.
Si hubiera avanzado en diagonal, el touchdown era prácticamente seguro.
Cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.
Todavía intenté arreglarlo con un sprint desesperado.
Me quedé a una casilla.
Y me caí.
¡Y encima KO! No podía llegar con el mismo Lobo a marcar, se desvanecía mi oportunidad.
Blood Bowl tiene una forma muy especial de castigar los errores de posicionamiento.
Después de eso hice una jugada desesperada, era mi último turno de la primera parte.
Blitz a un dado con el Ghoul, agarrar el balón a 4+, Esquivar a 3+ y 2 AP para marcar.
Pues salió todo, 1-1.

El precio del partido
Como si los fallos propios no fueran suficientes, el equipo siguió acumulando daños.
La peor noticia llegó cuando uno de mis lobos sufrió una lesión permanente que le dejó con Fuerza 2 que tras pensarlo mucho acabé retirándolo del equipo. Tenía ya Esquivar, podría usarlo para recoger el balón y correr, como un Eslizón de los Hombres lagarto. Pero me suponía 150k de valoración de equipo, no me compensaba y al final con todo el dolor de mi corazón lo tuve que despedir.

No es el tipo de recuerdo que uno quiere llevarse de una jornada de liga.
Y sin embargo forma parte del juego.
A veces uno juega mal y pierde.
Otras veces juega bien y gana.
Y algunas veces haces muchas cosas correctamente y aun así el partido se escapa porque los dados simplemente han decidido que hoy no es tu día. (Ninguna queja hacia mi rival que los hacía rodar hasta mi campo)
Es una lección que Blood Bowl se empeña en recordarnos una y otra vez.
Un final acelerado

La partida avanzó más despacio de lo esperado y la realidad terminó llamando a la puerta.
Literalmente.
La tienda estaba a punto de cerrar.
Quedaban cuatro turnos por jugar y mi rival estaba en posición de anotar el 2-1.
Así que llegamos a un acuerdo entre caballeros.
Él anotaba.
Dábamos el resultado por cerrado.
Y todos podíamos volver a casa sin obligar al personal de la tienda a echarnos con una escoba.
No fue el final más épico del mundo, pero sí probablemente el más razonable.

Lo mejor del día
Curiosamente, lo mejor de la jornada no ocurrió durante el partido. Como todo evento que se precie, tiene que acabar en cervezas/
Una vez recogidas las miniaturas nos fuimos a tomar unas cervezas y comentar la partida, las jugadas, las lesiones, las tiradas absurdas y todas esas cosas que hacen que este hobby sea mucho más que mover muñecos sobre un tablero.
Y para rematar, ni siquiera me dejaron pagar.
Así que sí.
Perdí el partido.
Mi equipo salió bastante peor de lo que entró.
Mi equipo volvió a casa notablemente más débil.
Pero al menos terminé la noche con una cerveza en la mano y una buena conversación.
Y eso tampoco está tan mal.




